Lunes de pájaros: Tingazú (Piaya cayana).

Tingazú o Alma de Gato, especie vistosa y llamativa, por su cola larguísima y contrastes de plumas entre negros, blancos, castaños rojizos. Habita desde México hasta el norte de la Argentina -entre el Litoral, algo del Chaco y las Yungas- y también se las observa en Uruguay. Se lo suele ver en las copas de los árboles, dando saltitos como si se arrastrara entre las ramas con gran habilidad.
En la Argentina lo llamamos Tingazú, nombre heredado de pueblos brasileños tupí tinguaçú (ti: nariz, pico; y gwa’su: grande). Su nombre científico es Piaya cayana, piaye según consigna Jacques-François Artur, un médico y naturalista que llegó a Cayena a mediados del 1700, es el nombre que los criollos de la Guyana daban al ave y significa “diablo” en la lengua del país, es por eso que en muchos sitios se lo considera como ave de mal agüero. Aunque años más tarde el explorador y naturalista Félix de Azara corrigió esta afirmación argumentando que el nombre correcto es payé, que no significa diablo, sino magia o hechicería y que en el Litoral también tiene connotaciones positivas. Corrientes tiene payé dice la famosa canción.
El tingazú llega a medir unos 45 cm y aunque es de color mayormente castaño rojizo, es bien vistoso. Posee características bastante llamativas: su cola es larguísima y llega a medir 30 centímetros, la parte interna es de color negro, con las puntas blancas que ayudan a distinguirlo en la espesura de los bosques. Tiene el iris rojo y un pico curvo pequeño de color amarillo verdoso. También al volar recuerda al pirincho, porque ambos hacen vuelos cortos y planeados.
Se deja ver poco en campo abierto, pero habitualmente aparece su figura cuando cruza las picadas con su vuelo pesado e incluso las rutas. Es una de las aves más atropelladas porque en su derrotero aéreo se deja caer en una parábola que coincide con la altura media de los vehículos, sin posibilidad de eludirlos.
Se alimenta sigilosamente en los estratos medios y altos de los árboles, donde pese a su tamaño puede pasar desapercibido. Su dieta se basa en orugas, arañas y frutos. También adultos de mariposas y hormigas. En Iguazú se lo ha observado comiendo la llamada hormiga-tigre.
El nido lo construye en forma de taza con hojas sobre las ramas de los árboles, donde la hembra pone dos huevos de color blanco.
 
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