Palabras del agua Arroyo Felicaria

Bitácora del 2do recorrido por Marisa Negri

Nuestro recorrido por Arroyo Felicaria coincidió con el Día de las Infancias. Desde temprano circularon los mensajes por los grupos de whatsapp recordando  colocar una banderita en el muelle. 

Los cuatro integrantes del equipo nos dimos cita en la Biblioteca, revisamos las cajas de libros, preparamos los bolsilleros con sus mascotas y emprendimos viaje.

La primera visita fue en Felicaria abajo cerca de los Bajos del Temor. 

La familia entera nos esperaba en el muelle. Elsa eligió un libro de recetas y otro de dulces caseros y conversamos un poco con Guadalupe y Agustín acerca de sus intereses. Los Alveira son una familia que participa mucho de las actividades de la biblio. Los chicos pasaron por nuestra escuela de canotaje, Elsa es artesana en junco y siempre está presente en las ferias. Vernos siempre es renovar un diálogo amable y afectuoso.

Luego del préstamo de libros Marisel y Juan Manuel estrenaron su relato de El viejo Antonio. El muelle convertido en platea, el sol que reflejaba en las maderas del muelle las manos de Marisel y el sonido de la flauta. Tiempo detenido para seguir los acuerdos entre dioses y humanos y como cierre una estrella de origami que se queda en la casa para que cada uno brille con su propia luz.

Nos despedimos con la sensación de que algo se había transformado en nosotros y volvimos a remontar el Felicaria. 

En la quinta Clements nos esperaba Mora con su papá. 

Mora es vecina de la biblio así que todavía tenía un montón de libros en casa para leer, no quiso llevarse libros pero sí aceptó en custodia a Eleonora, la sirena disipadora de las dificultades, una de las sirenitas de fieltro que bordó mi mamá y nos acompaña en los viajes.

Mientras Marisel y Juan volvían al relato, Mora acariciaba el pelo de lana de la sirena. Nos prometió que la iba a alimentar y cuidar y que tal vez la iba a dibujar para que podamos compartir su retrato en la biblio.

En el próximo muelle Mirko estaba pescando y cuando nos vio salió corriendo a ponerse el barbijo y a buscar a su hermano Ramiro para participar del encuentro. Les propusimos a los chicos un juego de mesa y algunos grandes éxitos de la biblio como Caperucita Roja tal como se la contaron a Jorge de Luis Pescetti y el Zoo insular de Cófreces&Muñoz en donde aparecen muchos de los animales de la isla dibujados por Gabriel Martino.

Como en la casa funciona una panadería artesanal, antes de irnos su papá nos obsequió unas riquísimas facturas con las que merendamos durante el viaje.

En el muelle siguiente nos esperaban Nilda y Wilbur, el niño músico.

Mientras sus papás escuchaban el relato, Wilbur solo tenía ojos para la kalimba que Juan Manuel hacía sonar apoyado en la borda. Cuando finalizó la historia nos dijo que iba a ser músico, que ya lo tenía decidido. Juan le enseñó a pulsar el instrumento y se invirtieron los roles; éramos nosotros los convidados a ese concierto que Wilbur ejecutaba desde su escalón del muelle.

Como todavía no sabe leer pero está aprendiendo, varios libros en imprenta mayúscula y con pictogramas quedaron en la casa hasta nuestra próxima visita.

Al llegar a la casa de la familia Benítez ocurrió algo maravilloso!

Junto a unas niñas que jugaban había un pequeño Superman que ayudó a su papá a amarrar la canoa más lejos del muelle para que pudiésemos atracar.

Perros y niños se acomodaron en la platea del muelle. Primero fue el turno de los libros; policiales para el papá, novelas para la mamá y para los chicos según edades e intereses una pequeña colección de libros dibujados, de la hermosa serie Tomasito de Graciela Cabal y también Imposible de Isol.

La familia vive justo enfrente de la escuela, con los libros en el regazo escucharon el relato de Juan y Marisel y recibieron felices la estrellita de papel.

El sol brillaba fuerte en lo más alto del cielo.

Para llegar a casa de Eva tuvimos que navegar bastante, ella vive cerca de la desembocadura del Felicaria en el Miní y aunque también en esa casa viven sus nietos hoy estaba sola esperando nuestra visita.

Eva participa del grupo de huertas y nos contó que le encanta leer así que entre otras novelas le dejamos Sudeste de Haroldo Conti y nuestro Bestiario fantástico de islas.

Cuando terminó nuestra visita nos pidió que no dejáramos de pasar por lo de su amiga Susana en la margen de enfrente.

Y ya que estábamos tan cerquita del Miní, Sergio nos regaló un momento de contemplación del río y sus aguas brillantes.

Nos quedaba la última visita.

En el muelle de Susana me reencontré con Sebastián, fui su profe de primer y segundo año y ahora ya está en cuarto, también estaba su hermanito que va a la primaria en la Escuela 12. La pandemia los dejó más incomunicados que nunca. Sin servicio de lanchas de pasajeros que pasen por allí, sin internet y con muy poca señal de teléfono, Susana nos cuenta que soñó con hacer un puente que cruce el río para poder visitar a su amiga Eva.

Susana nos cuenta que fue socia de la biblioteca hace muchos años y que hasta le prestaron un libro en francés que intentó traducir. Habla con orgullo de su escuela en Entre Ríos, le interesan mucho los libros, la geografía, la historia…

Emprendemos la vuelta pensando en cada uno de estos encuentros. En el muelle de Guille nos bajamos para volver cada uno a sus casas, rápidamente oscurece y va bajando la niebla.

Exhaustos y felices nos despedimos. Mientras se encienden las luces en todas las ventanas comenzamos a pensar el próximo viaje.

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