Bitácora recorrido 3: Río Paraná Miní y Arroyo Tuyuparé

Fue, como invocamos, un radiante domingo de sol. Primero llegó Fabi a casa en la lancha de la mañana y casi junto con ella nuestros primeros espectadores, Sandra, León y Olmo que vinieron a ver el primer ensayo de La voz del ciervo en versión kamishibai. Enseguida llegó Guille con la bibliolancha; primera parada técnica: a la biblio a sumar libros en las cajas para completar algunos pedidos; novelas policiales, cuentos infantiles con imprenta mayúscula para los más chiquitos y parte de nuestra colección isleña, La islíada de Carlos Enrique Urquía, El naturalista de Alberto Muñoz, la colección Biblioteca Isleña y nuestros libros de Ediciones Genoveva. Mientras tanto Fabi y Guille cargaban en la lancha algunos kits de huerta que faltaba entregar. ¡Y zarpamos! Nuestro punto de inicio era la Escuela 22 en donde nos encontraríamos con Nacho, profe y vecino de la zona que íbamos a recorrer, enlace fundamental con cada una de las familias. Tras breve paso por el Arroyo Caracoles y el Chaná para repartir semillas nos reunimos con Nacho en la puerta de la escuela, un perro manso vino a curiosear mientras disponíamos las cajas con libros y la mesita con el kamishibai en el centro de la escena. Ahora sí. Estamos listos. Nuestra primer visita fue aguas arriba del Tuyuparé.
Sofía, Mayra y Guadalupe son adolescentes, les encanta leer y todo lo que les ofrecemos les interesa. Como leyeron Chicas muertas en la escuela, Guadalupe se interesa por otros libros de la autora que tenemos a bordo. Sofía elige varios de Agatha Christie y cuando en la charla surge que tienen un hermano de 10 también eligen libros para él. Estrenamos La voz del ciervo. Las chicas escuchan atentas desde los escalones del muelle. Nos quedamos charlando de los incendios en el humedal, de la escuela, de las vocaciones, de las camelias que brillan en el patio. Cuesta irse. Cuando finalmente Guille pone en marcha el motor las chicas desaparecen de nuestra vista, Sofía va hasta el gallinero, ninguna de las tres nos mira alejarnos. La visita comienza a parecer un sueño lejano. Pero los libros ahí, son talismán y promesa. Volveremos con ellos para nuevos encuentros.
En casa de Margarita hay un largo tendal de ropa que atraviesa el terreno. Salen ella y su hijo a recibirnos y si al principio la idea de recibir libros les resulta extraña pronto encuentran algo a la medida de sus intereses; Cuentos de amor, de locura y de muerte y un libro sobre la huerta. Dice Margarita que ella tiene huerta pero que después le da pena cortar las plantas para comer de tan lindas que están. En el muelle flamea una bandera de Boca y se acerca Joaquín, que tiene tal vez 17 y pronto va a ser padre. Elige también algunos libros. Y llega el kamishibai y la charla se extiende, hablamos de los ciervos que vieron, de los carpinchos, de los lobitos de río que entran a cazar patos, de los gatos y así, ahora nos cuesta irnos otra vez pero todavía quedan muchos muelles por delante.
En la margen derecha del Tuyuparé, la sombra siniestra de la quinta el Silencio, y esta vez, señalizada como lo que es, lugar de memoria donde se cometieron delitos de lesa humanidad. Salimos al Paraná Miní y el sol brilla en el agua. Nos detenemos en casa de Yanina y su hijita Aylén que viene emocionada a recibirnos. Yanina forma parte del grupo de  whatsapp de huertas isleñas entonces vamos caras con nombres. Le gusta mucho leer novelas. Aylén tiene seis y está aprendiendo a leer. Libros con pictogramas y en mayúscula para ella y también un Zoo insular porque le encantan los animales. En el próximo muelle nos esperan Ramona y María Fernanda. Ramona y su esposo cuidan una enorme quinta con frutales. Ella nos cuenta que hace dulces y que le encantan las historias del delta. Nos conocemos tal vez de la lancha de pasajeros, tal vez de los días de votación en donde todo el delta de San Fernando se junta en la Técnica 1  del Miní, la escuela donde trabajo. Ramona tiene un habla suave y dulce, María Fernanda está en el secundario y nos dice Nacho que es una excelente alumna. Antes de irnos vuelve Ramona cargada de naranjas y mandarinas de regalo. Hemos ido dejando en cada muelle un libro de regalo de ediciones Genoveva. Abrazada al Bestiario fantástico de islas, Ramona nos saluda y agradece. Los espero pronto dice. Gracias.
Navegamos otro poco río arriba con el sol de frente. El muelle se llama Nueva Vida. Madre e hija vienen a nuestro encuentro. Noelia nos habla de su huerta, de las hojas que junta para abonar la tierra y mientras charlan con Nacho y Guille, aparece el libro indicado: La revolución de una brizna de paja de Fukuoka. Cruzamos a la otra orilla. La familia Olmedo vive en el Arroyo Diablo pero nos espera en el Miní porque hay poca agua. Un montón de niños dejan un partido de fútbol y se acercan al muelle. Tenemos el público más numeroso del día para nuestra función. La voz del ciervo resuena en una parte de la isla en donde es muy frecuente ver ciervos de los pantanos, sin dejar de trabajar en sus redes el papá cuenta que hoy mismo vieron uno que andaba por ahí. Luego viene el festival de los libros. Un juego de mesa y una pila que crece en el muelle pensando en las edades y gustos de los chicos. Noelia nos pregunta si tenemos diccionarios. Le vendría bien uno para ayudar al mayor en las tareas de la escuela porque muchas veces no hay señal y no se puede buscar todo en internet. La tarde va pasando y tenemos que emprender el regreso.
En el próximo muelle intentamos ser más breves. Dejamos libros, charlamos un ratito. Una chica nos pregunta si tenemos libros de psicología; anotamos todo para la próxima visita. Volvemos a nuestro punto de inicio donde Nacho dejó amarrado el bote. Vamos comiendo las riquísimas mandarinas de Ramona, sentipensando el recorrido, los desafíos, los modos en que podemos mejorar este acercamiento a nuestra comunidad.
Ahora volvemos por el Chaná y paramos un ratito en casa de María. María fue alumna mía de primer año. Es dulce y callada, ahora la veo tan grande que me cuesta unirla a la niña que escribía poemas en la escuela. Con ella se asoma su hermanita. Les dejamos libros, le preguntamos por su mamá que no se siente bien y por eso no sale al muelle. Es el punto final del recorrido. Nos estamos yendo y me acuerdo de algo. ¡María! ¡volvé! Le alcanzo nuestra sirena de fieltro, con su hijita sirena. Como es el final del recorrido te toca ahora cuidarla hasta que volvamos. Y le digo muy seria: tenés que darle de comer, sólo come pejerrey. Ella me mira, pestañea, no sabe si reírse. Yo sé que esa sirena la bordó mi mamá y es un antídoto contra todos los males de este mundo. Equipo: Guillermina Weil – Ignacio López – Fabiana Di Luca – Marisa Negri

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