Bibliolancha 2021: Río La Barquita

5 de agosto

Río La Barquita

Equipo: Rubén Córdoba – Mauri Córdoba – Pi Postigo – Fernando Lernoud – Marisa Negri

 

Hoy amaneció nublado y tanto tanto deseamos que salga el sol que apareció justito cuando llegaba Rubén con la bibliolancha y nos acompañó durante todo el trayecto.

Los deseos se cumplen.

Estudiante, Felicaria, Canal Arana… nos vamos alejando de los arroyos conocidos, del barrio de la biblio, en el camino los músicos templan sus instrumentos, ensayan una chamarrita, y compartimos pan casero, tarta de verduras, tortilla de papas, hay provisiones para todos los gustos a bordo.

Nuestra primera parada es en casa de la familia Rivas. La vemos a Mirta trabajando el mimbre que enseguida se arrima a la costa para recibirnos. Después llega Lorena, una de las lectoras estrella de la biblio. Lore ya está en 5to año y emociona verla tan hermosa y reflexiva. “Leo para saber más palabras, para conocer el mundo y hablar mejor” nos dice. La abuela orgullosa sonríe sentada en un tronco. Suena la chamarrita de las cotorras y aparece enseguida Norberto, el abuelo. 

Nos cuenta que supo tener una banda de música con sus hermanos, y que sabe muchas canciones. De a poco se anima y entra en confianza y cantamos juntos La vestido celeste y El cosechero.  

La charla se enciende porque todos quieren hablar a la vez. Mientras Lore elige sus libros, Norberto nos habla de un carpincho blanco muy blanco que suele verse en el monte… y de un zorzal blanco pero blanco blanco. También de historias que se cuentan el los arroyos, entonces compartimos el mito del cañaveral que se encendía solo y Norberto afirma, es verdad, eso pasó en el Correntoso.

Ya sabemos que nuestros Mitos que viajan por agua tienen que quedarse por ahí!

Estrenamos ahora la Chamarrita de Alcaraz, mientras Fer y Mauri tocan, Pi desenrolla la historia animada del baile del bicherío. Hay aplausos al final y con tanto recorrido que nos queda ¡cómo cuesta irse!

Norberto está radiante. Ha sido tocado por la música. Algo del pasado vuelve para él y le dan ganas de desempolvar su vieja guitarra. Nos pregunta si tenemos libros de canciones. Entonces Rubén saca uno suyo de la funda de la guitarra y los ojos del hombre se iluminan.

Habrá canciones del otro lado para la próxima.

El próximo muelle se llama El Amanecer, allí nos espera Alejandra con sus hijas. El más chiquito está durmiendo la siesta pero primero elegimos libros para él. Las chicas tienen 12 y 14, adivino que puede gustarles Dos gatas japonesas de Paula Bombara y Caídos del mapa de María Inés Falconi pero también un clásico que nunca falla y que yo misma leí a los doce y atesoré para siempre: Papaíto piernas largas de Jean Webster que tal vez también quiera leer después la mamá.

Luego vienen las canciones y los cuentos. Para irnos Rubén inventa un santo y seña, los que se quedan en el muelle tienen que gritar un sapucay mientras suenan guitarra y acordeón, es la energía que precisamos para seguir.

Un pequeño rollito de papel queda en cada muelle para que los chicos sigan escribiendo y dibujando sus propias historias.  Prometemos volver a escucharlas.

Ahora decidimos parar en el destacamento de policía. Viene enseguida un perro muy viejito y ciego a recibirnos. Detrás de él el encargado del destacamento muy cordial escucha la chamarrita de las cotorras y la historia de Angel, nuestro vecino, que escribió la belleza que supo ver.

En la costa de enfrente nos espera la familia De Maio. Matías, Juan, las mellis Valentina e Isabela y los papás Florencia y Juan. El muelle es extenso y ahí se acomoda la platea. 

Hay libros para todos los gustos; historietas para Juan – que ya dibuja y tiene un personaje que se llama Simón-, los cuentos de Sapo en Buenos Aires, Zoo insular  pero también esos tesoros de la literatura isleña como Sudeste de Haroldo Conti y Tigre de Cófreces y Muñoz.

Luego de las canciones los chicos exploran el pequeño acordeón que les presta Fer. Cuando se anima uno, se animan todos y se arma el gran concierto.

Antes de irnos recibimos de regalo unos quinotos en almíbar que harán las delicias del viaje. ¡Quinotos en almíbar! su sabor es otro viaje, a la cocina de la abuela, a mi viejo entrando a hurtadillas a comer los quinotos recién preparados. Nos vamos con un gran sapucay celebrando el encuentro.

Seguimos viaje hasta el muelle La Carlota.  Gabino y Blanca con su hijita Jazmín nos esperaban porque ya les había avisado la seño de la escuela. Jazmín se entusiasma con los libros y los abraza a medida que los vamos alcanzando. Después se esconde un poco detrás del papá.  Solo las imágenes que bailan en las manos de Pi hacen que se asome venciendo un poquito la timidez.

Cuando nos despedimos hay risas y un sapucay vibrante que casi nos lleva al próximo muelle.

Vienen uno, dos, tres, cuatro perros. Algunos ladran, una perra me lame la mano con la que me sostengo del pilote, le toco la cabeza y cuando quiero acordar se nos sube arriba de la lancha.

Los dueños de casa no están a la vista. Devolvemos a la perra a su muelle y seguimos navegando.

A veces nos anunciamos con kilómetro 11, que suena mientras amarramos. Ahora viene un viejito a recibirnos y detrás de él está Bety, su señora. Nos conocemos de la lancha de pasajeros pero ahora nos presentamos con nombre y todo.

Bety dice que muy bien no ve pero le regalamos Los pájaros que tiene letra bastante grande y sino puede también mirar las ilustraciones.

Agradece las canciones y la charla. Acá estamos tan solos desliza casi hablando con ella misma. Se abre un momento de diálogo sobre la familia, la soledad, la muerte. Ella nos cuenta y escuchamos en un silencio apenas interrumpido por los pájaros.

El sol resplandece en el agua. Bety nos saluda desde el muelle mientras cruzamos el río. Allá enfrente flamea una banderita.

En el muelle Guaicurú se acercan Daniela y Kiara. ¡Desde la mañana que los está esperando! nos cuenta Daniela. Kiara tiene 8 años y está aprendiendo a leer. Buscamos libros en imprenta con muchos dibujos. Ella dice que le encantan las historias de animales pero también las de la isla, entonces reciben un Bestiario y Los pájaros. También habrá cuentos y novelas para su mamá. Hablamos de libros y películas, a veces son tan maravillosos unos como otros. En el muelle se queda El perfume de Patrick Süskind y Claves para un amor de Bioy Casares.

Nos vamos con música y sapucay mientras las chicas se alejan por el parque hacia la casa abrazando los libros.

Amarramos un ratito en la Escuela 16 a recargar combustible y calcular cuándo emprender la vuelta. Una gata manchada ronronea y pide caricias.

Cerquita de la escuela, en el muelle El gurí vamos a cerrar este recorrido. También nos esperan y cuando ven la lancha todos los chicos corren hacia la costa. La más grande es Julieta (9) y es la que se sienta en el escalón más cercano a la lancha e irá tomando cada libro para compartir con sus hermanos. También está Valentina (7) y Alan (4) a upa de su mamá. Entonces acontece el ritual de los libros, y luego las canciones y los animales dibujados que bailan en las manos de Pi. Los que estamos a bordo casi aprendimos la letra y ya nos sacamos la timidez para acompañar los estribillos. 

Entonces leemos El amor es circular de María Zeta que se va desplegando ante los ojos asombrados de los chicos ¿cuánto puede estirarse un libro tan pero tan pequeñito? 

Mucho, muchísimo. Así es el amor.

 

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