Viernes de cuentos: Vivencia de un barbero después de muerto, de Gianni Celati.

Cuando Piacenza estaba llena de cuarteles y, por lo tanto, sus calles llenas de militares, hubo un barbero que vino a esta ciudad a hacer la colimba. Esto ocurrió durante la guerra, cuando el barbero conoció a una muchacha de Piacenza y se casó con ella. Los alemanes lo hicieron prisionero y lo enviaron a Alemania a trabajar, y solo unos años después volvió a la ciudad de su mujer, donde abrió una barbería. Encima de aquella barbería de pueblo, su mujer tenía una peluquería.
Pasa el tiempo y, una noche, al volver a casa, el barbero cree ver en el rellano de la escalera a un amigo ya fallecido, no solo eso, había muerto en Albania hacía un montón de tiempo. Se lo cuenta a su mujer y ella le aconseja que se vaya a un hospital para que lo curen, ya que no tiene ganas de vivir con alguien que padece de alucinaciones. El barbero acepta el consejo y lo ingresan en el manicomio.
En el manicomio permanece durante casi un año y después durante dos años más, hasta que por fin es dado de alta y enviado de nuevo a casa.
Mientras tanto, su mujer había trasladado su domicilio y su negocio a la ciudad, y había abierto una peluquería, por lo tanto fue en esta nueva peluquería donde un buen día se presenta el barbero.
Su mujer le dice que no quiere tenerlo en casa porque acaba de salir del manicomio. El asunto es todavía muy reciente y ella quiere asegurarse de que su marido vuelve a estar realmente sano y ya no tiene alucinaciones. Al barbero le parece bien y se va otra vez a vivir la casa del pueblo, encima del antiguo negocio.
Durante los meses siguientes, el hombre no da ninguna señal de desequilibrio y no habla nunca de alucinaciones. De vez en cuando, agarra la bicicleta y se va a la ciudad a ver a su mujer, preguntándole cada vez si está dispuesta a dejarlo vivir con ella.
La mujer parece poder dedicarle cada vez menos tiempo, ya que está muy ocupada en su trabajo de peluquera; hasta que, finalmente, un día le pide que no vaya nunca más a verla.
El barbero lo comprende pero al cabo de un tiempo empieza a pensar que su mujer niega su existencia. Y se lo cuenta a los clientes que van a cortarse el pelo a su antigua barbería de pueblo, diciéndoles que su mujer niega su existencia y esto él no está dispuesto a aceptarlo.
Empieza también a pensar que todo, como su mujer, niega su existencia, es decir, todos se comportan, por la calle, en el bar, en las oficinas, como si no le consideraran vivo. Piensa que esto se debe a algo que le sucedió durante la guerra, una noche que, a orillas del río Trebbia, un soldado alemán le disparó sin herirlo. Naturalmente, todo el mundo piensa que, en aquella ocasión, el alemán lo hirió y lo mató y, por lo tanto, que él no está vivo desde hace tiempo.
Tras haberse convencido de esto, empieza a ir todos los domingos a escarbar con una red de pesca el fondo pedregoso del Trebbia. Escarba el fondo de la orilla donde aquella noche le disparó el alemán, buscando la bala que esa noche, al no darle, tuvo que caer al fondo del río.
A los clientes les habla de una cosa perdida entre las piedras del Trebbia, a la que está vinculada su vivencia: nunca usa la palabra «vida», siempre habla de su «vivencia».
Los pescadores del Trebbia, al verlo cada domingo explorando el fondo del río, le preguntan a veces en broma si está buscando pruebas de que Dios existe, a lo que él siempre contesta:
—No, busco pruebas de que existo yo.
Algunos meses después de la muerte del barbero, su mujer dijo que estaba embarazada, y corrió la voz de que esperaba un hijo del barbero muerto. Más tarde también corrió la voz de que el barbero había hablado con ella por la noche y le había dicho que se alegraba de que el hijo fuese suyo ya que así había dejado de negar su existencia.
Según la mujer, el barbero había hablado con ella por la noche muchas otras veces, afirmando siempre que su vivencia no había terminado todavía. Hasta que la mujer se casó de nuevo y se trasladó a otra ciudad el barbero no dejó de habar.
De Narratori delle pianure, Feltrinelli, 1985.
Gianni Celati nació en Sondrino en 1937 y pasó su infancia y adolescencia en Ferrara. Doctorado en literatura inglesa con una tesis sobre James Joyce, ha traducido del inglés a autores como Swift, Twain, Melville o Conrad, y del francés a Stendhal, Céline, Perec o Barthes. En 1971 publicó su primera novela, Comiche, a la que siguió su famosa trilogía Parlamenti buffi, compuesta por las novelas Le avventure di Guizzardi (1972), La banda dei sospiri (1976), Lunario del paradiso (1978). Luego de unos años de “silencio editorial” comenzó su llamada “segunda etapa” con: Narratori delle pianure (1985) al que siguieron. Quattro novelle sulle apparenze (1987), Verso la foce (1989), Cinema naturale (2001), Avventure in Africa (1998), Fata morgana (2005), Vite di pascolanti (2006). Dirigió los documentales: Strada provinciale delle anime (1991), Sull 45 parallelo (1997), Il mondo di Luigi Ghirri (1999), Case sparse. Visioni di case che crollano (2002), Diol Kadd. Vita, diari e riprese in un villaggio del Senegal (2010) y Cinema all’aperto: tre documentari e un libro (que reúne tres de sus documentales) (2011). Los libros de ensayo: Finzioni occidentale (1975) y Conversazioni del vento volatore (2011). El libro de poemas: Sonetti del Badalucco, nell’Italia odierna (2010). Recientemente Mondadori ha recogido casi todos sus trabajos narrativos en su prestigiosa colección “I meridiani”: “Romanzi, cronache e racconti”, 2016.
Hay sólo cuatro libros trasladados al castellano: “Narradores de las llanuras”, Anagrama, 1987. “Cuatro narraciones sobre las apariencias” Anagrama, 1990.”Vidas erráticas” Periférica, 2009. “Lunario del paraíso” Periférica, 2018.

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