Martes de películas basadas en libros: Dormir al sol (2012), de Alejandro Chomski.

Con guion de Chomski, basado en la novela de Adolfo Bioy Casares, Dormir al sol (1973), y protagonizada por Luis Machín, Esther Goris, Carlos Belloso y Florencia Peña.
 
Lucio Bordenave lleva una apacible existencia de casado en un pequeño barrio porteño apartado de todo, con calles circulares. Repentinamente su mujer, Diana, es internada en un instituto de salud mental, destinado a curar a gente “especial”. Bordenave se ve envuelto de pronto en una serie de impredecibles peripecias, donde lo real se confunde con lo imaginado, el sueño con la vigilia y la locura con la lucidez.
 
En una entrevista Chomski contó que le había enviado a Bioy Casares una copia del mediometraje Escape al otro lado, una adaptación de su cuento Planes para una fuga al Carmelo que había filmado en 1993 cuando estudiaba en Nueva York, y que a los pocos días Bioy le invitó a tomar el té y le dijo que Escape… era la mejor película que había visto sobre la base de un texto suyo. Hubo otros encuentros posteriores y en uno de ellos le dijo que quería filmar la novela Dormir al sol y comenzó a negociar los derechos. Bioy murió en 1999 y recién en 2003 consiguió los derechos y empezó a escribirla.
 
Para Chomski la película es “Mezcla comedia negra, thriller y literatura fantástica. Y en el fondo es una historia de amor. Hay que aclarar que la parte fantástica no está concebida a golpes de efectos. Está más cerca de algo kafkiano, con mucho humor”. Agrega que la película fue exhibida en varios festivales ocasionando interpretaciones diversas. En India le preguntaban por la reencarnación, en los Estados Unidos vieron alegorías del totalitarismo y en la República Checa les interesó el costado kafkiano.
 
La novela de Bioy Casares es narrada por el protagonista, Lucho Bordenave, contándole a un amigo de la infancia -Félix Ramos- los momentos vividos por él desde que conoció a un domesticador de perros llamado Standle.
Lucho es un relojero que vive con su mujer Diana, y con Ceferina, quien es para él una madre.
Standle convence a Bordenave de internar a su mujer en el Instituto Frenopático de Reger Samaniego.
Al poco tiempo, Lucho quiere a su mujer de vuelta pero una cadena de postergaciones envuelve entonces al protagonista: la intrusión de su cuñada, los sinuosos razonamientos del director del instituto, la vigilancia periódica de un pasador de quiniela…
Bordenave insiste en que le devuelvan a su mujer, pero cuando los médicos se la devuelven le parece que es una impostora. La llegada de una perra sugestivamente llamada Diana lo conduce por un fantástico cambio de almas y cuerpos, y termina con él sufriéndolo en carne propia.
Cuando la novela se acerca a su final, el lector encuentra el sentido de la frase que le sirve de título (“Dormir al Sol”) cuando Reger Samaniego le explica a Bordanave los diferentes métodos para facilitar el sueño. El más adecuado, según Samaniego, consiste en imaginar a un perro que duerme bajo el sol sobre “una balsa que navega lentamente aguas abajo, por un río ancho y tranquilo”.
 
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