Bibliolancha 2021: Arroyo Paycarabí, segundo encuentro

19 de septiembre

Arroyo Paycarabí

Equipo: Rubén Córdoba, Caro Guiña, Sole, Kevin Jones y Marisa Negri

 

Para este recorrido se sumó Kevin, que se vino desde Paraná para acompañarnos, así que este viaje quizás comenzó con su llegada el viernes, en nuestras charlas entre libros y lanas de colores que Kevin eligió para llevar en la bibliolancha. Mientras tanto también Caro y Sole ensayaban en su mágico teatro de sombras Las golondrinas esa hermosa canción de Jaime Dávalos y Eduardo Falú.

Primer muelle y primera función para un grupo de visitantes frecuentes del Arroyo Estudiante, les contamos quiénes éramos y qué actividades se hacían en la biblioteca, ¡estrenamos Las golondrinas!, una de las señoras cantaba bajito acompañando a las chicas.

Muy cerca de ahí la familia Romero nos esperaba. Ramiro, Bruno, Santino, sus mamás, la abuela y varios perros se acomodaron en los escalones del muelle.

Como Bruno tiene 5 y ya empezó a reconocer algunas letras le ofrecimos un estreno de la bibliolancha, A una vaca de Salvador Biedma y Pablo Fernández editado por Mágicas Naranjas. Bruno nos dijo que las vacas le gustaban mucho. Para su hermano mayor, cuentos de terror y los Cuentos de la selva de Horacio Quiroga, para su primo Santino, que le encantan los barcos, Ya vinieron las olas fuertes de Eugenio y Ro Olivero. ¿Y para las mamás? De A para X de John Berger, esa historia de amor en cartas que tanto amamos y Piedra, papel o tijera de Inés Garland nos parecieron buenas opciones. La abuela quería uno sobre tejer, anotamos eso para la próxima.

Luego de la función de teatro de sombras van quedando pequeñas golondrinas en los muelles para que lxs chicxs puedan seguir jugando. 

Seguimos viaje. Jazmín y Bruno vienen con su mamá a recibirnos. Y mientras organizamos los libros para prestar, Kevin propone leerles un cuento. Flora mi osita es escuchado atentamente y hay aplausos al final. 

Es un domingo muy nublado, pasamos despacito por una casa pero todos parecen estar durmiendo la siesta.

En la boca del Arroyo Las Cañas nos quedamos conversando con Olga. Ella nos dice que tanto tiempo no tiene pero que le gusta leer cosas de la isla, nos cuenta de su nieto que este año se vino de la ciudad a estudiar acá en la isla, y charlamos de cuando en las islas había baile todos los sábados, en Paycarabí, o en el Club Felicaria, o en el Nueve de Julio. Cuando le preguntamos si le gustaría que vuelvan los bailes nos dice que sí, que ahora está todo parado y que serían buenos los bailes para los jóvenes.

Olga nos agradece la visita y prometemos volver la próxima.

Muy cerquita de su casa pero en la margen de enfrente nos recibe Elsa. Nos habla de sus hijos, todos adolescentes, nos cuenta que es del Chaco y habla mocoví, como toda su familia. A hablar en castellano aprendió sola pero todavía no pudo aprender a leer. Ahora todos a bordo queremos aprender mocoví. ¿cómo se dice agua?  ¿cómo se dice pez? ¿y niños?

Nachil vaghiac  ñaaqaipioqui 

Las palabras de Elsa son como una música. Le contamos de Ángel y cómo aprendió a leer en la biblio y después escribió Los pájaros, su cara se ilumina. Ella también quisiera. Ya veremos cómo tramar esa red, este encuentro es un pequeño primer paso.

Ahora sí , en donde antes todos dormían vemos a los chicos corretear por la costa. Laura viene con todos los libros de la vez anterior preparados para devolver en una bolsa, entonces viene la fiesta de elegir libros nuevos, y se asoman los perros que anduvieron haciendo lío en gallinero y se comieron algunos huevos, y los chicos que quieren subirse a la bibliolancha para ver el teatro de sombras. Vuelven entonces Las golondrinas y Lihuel que es el mayor de sus hermanos y es fanático de la pesca nos habla de las tarariras y las rayas. También juegan a hacer sombras con Caro y entran en confianza y ya no quieren bajarse. 

Charlamos de la huerta y de que ellos también son del Chaco pero ya se acostumbraron a estar acá que no hace tanto calor y refresca por las tardes.

Va cayendo la tarde y se despeja un poquito el cielo.

Ya de regreso se arma la merienda a bordo mezcla de pizza, galletitas y budín de coco.

Pensamos que este fue un recorrido por momentos difícil, había gente que no estaba, también una mamá que nos devolvió los libros pero no quería libros nuevos para que los chicos no los rompieran. A veces un libro se siente como una responsabilidad enorme, a veces hay que desarmar años de bibliotecarias adustas y libros bajo llave. No quisimos insistir mucho, dejamos un solo libro para el más chiquito de los nenes; no tiene letras, solamente formas para que pueda aprender a reconocerlas, si se rompe lo podemos arreglar, no hay problema, les dijo Caro.

Ya en casa queda ese sentipensar de la permanencia, de volver cada vez, de tender un libro, una mano, de tejer con gestos, con palabras, con libros, ese delicado ñandutí que nos enlaza y nos hace parte de una comunidad.

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