Palabras del agua: Arroyo Las Cañas y Arroyo Fredes

26 de septiembre

Arroyos Las Cañas y Fredes

Equipo: Guillermina Weil, Diana Tarnofky y Marisa Negri

 

Hermoso día para navegar este domingo de sol pleno y primaveral. Iniciamos el viaje por el Arroyo Las Cañas, de lejos se veían las banderitas de cartulina ondeando en el viento, enlazadas en una caña. 

Toda la familia en el muelle más perro y dos nenas que estaban de visita. Escenario de muelle completo para que comience la función. Entonces Diana desplegó su PUP, el Pequeño Universo Poético para que naveguen en él las coplas del agua.

En barquitos de colores fueron llegando algunos de los Versos tradicionales para cebollitas de María Elena Walsh.

¿Cómo sería navegar en un tomate? ¿Y en una pera?

Los chicos disfrutan de las coplas y el canto y también los grandes porque Diana los invita a leer envueltos en los tules de colores del PUP.

Ahora es el turno de las frutas y de la mano de Amanda Berenguer vamos paseando por esa cueva verde habitada por la sed de la sandía. Telmo nos cuenta que ya tienen plantadas sandías en la huerta y mientras los chicos eligen los libros que se quedarán en casa hablamos de semillas y plantas medicinales y silvestres comestibles. Es que inauguramos en este recorrido la caja de libros de huerta y todos quieren enterarse de cómo se hace el postre de ortiga o la ensalada de diente de león.

Cerramos la visita con el kamishibai y La voz del ciervo. Porque en la visita también cabe la pregunta… ¿qué haremos con lo que arde, con lo que oprime y pavimenta lo no domesticado?

Me dejó pensando dice el papá, y nos indica qué vecinos del arroyo podrían estar en casa para que los visitemos.

Seguimos viaje, el agua está bajando, en la margen derecha se extienden filas y filas de cajas con abejas. Guille le cuenta a Diana cómo es el proceso de la miel, le habla de los núcleos y las reinas. Diana la escucha bajo influencia de su pequeño universo poético; un río que tiene reinas en cajas me dice, y sonríe.

En el Fredes tenemos una lista de familias a las que visitar ya preparada por Laura y Sergio.

Así que llegamos a casa de Alicia que sale a recibirnos con su hija. Nos amarramos a la lancha almacén, el sol pega fuerte de ese lado del río.  Vamos recomendando libros para toda la familia; para Bianca que ya tiene seis y está aprendiendo a leer, algunos en imprenta mayúscula y para su abuela dos novelas: La viuda de los jueves de Claudia Piñeiro y La casa de los espíritus de Isabel Allende, también se quedan algunos de huerta que ya estuvieron circulando en versión digital por el grupo de whatsapp. Luego vienen las coplas y los barquitos; Bianca adivina los colores y su mamá lee los versos.

También quedan algunos libros para Irene y sus hijas que hoy no están en la isla.

Vamos ahora a la orilla de enfrente. La familia acaba de bautizar al benjamín de la casa en la capilla del Arroyo Paycarabí. Antonella, la mamá, es la que lleva la voz cantante. Nos cuenta que su hija es fan de los dinosaurios entonces aparece el libro que hemos estado reservando en cada recorrido para este momento: El titanosaurio más valiente.

Ahora Diana le canta canciones al nene que se ríe a upa de su mamá y vuelve el kamishibai con las hermosas imágenes de Fabi di Luca a abrir paso a la charla sobre nuestro delta en peligro.

Desde la otra orilla alguien nos pregunta ¿tienen libros de historia argentina?

Es el abuelo de Bianca que se asoma por la ventanilla de su embarcación.  

Le alcanzamos un libro y prometemos volver con más sobre el tema.

Seguimos viaje, nos espera un trecho de navegación hasta el próximo muelle habitado.

Con ropa de trabajo y botas a pesar del calor, nos recibe Sofía. Tiene la mirada más dulce del mundo, es aún una adolescente pero ya mucho más grande que cuando era mi alumna en primer año. Le ofrecemos libros y dice que sí y entonces tiene que hacer equilibrio sobre la borda de un enorme pontón para acercarse a nosotras.

Apuesto por dos lecturas feministas; La virgen roja y Revolución punto cero pero también poesía y dos policiales, volveremos en dos meses, hay tiempo para decantar esas lecturas.

Desplegamos el kamishibai. Van pasando las imágenes, las pavas, los peces, el ciervo. A Sofía le brillan los ojos. Nos miramos. Atesoro este momento como uno de los más hermosos del recorrido. 

Al partir la vemos volver a hacer equilibrio sobre el pontón para volver a sus tareas, esta vez con libros y barquitos de papel en la mano. 

Llegamos ahora al muelle de los Amorfini. Sale el papá a recibirnos y nos cuenta que Alan está estudiando para ingresar a la facultad, lo dice lleno de orgullo y no es para menos. Yo sigo viendo en Alan al estudiante serio y brillante que escribía poemas, ahora también está en el secundario su hermano Matías que forma parte de mi último grupo escolar antes del retiro. 

Uso mi autoridad de profe y le pido al papá que vengan los chicos un ratito al muelle a saludarme. Entonces vienen y vuelve la poesía, vuelven Amanda y las frutas. ¿Te acordás Alan cuando escribiste el poema del limón? Sí, se acuerda perfectamente entonces recorre las páginas de Identidad de ciertas frutas y lee el poema:

 

Una docena de tigres caben en un limón.

Se puede domar los tigres:

en el limón sólo cabe

                                                   recordar el azahar.

 

Vamos río arriba otra vez, me quedo pensando en todas esas generaciones de estudiantes que ya no veré pasar por las aulas, que ya no leerán a Amanda Berenguer ¿o sí?

Bella es la niña más parlanchina de la isla. Mientras su mamá conversa con nosotras en el muelle ella desde una pequeña sillita en la puerta de la casa retruca todo lo que decimos. Entre la distancia  y el balbuceo no entendemos lo que nos dice pero Aurora nos tranquiliza diciendo, es así, a veces tampoco la entiendo.

Guille le insiste y entonces Bella se asoma a los escalones del muelle.

Hay PUP para madre e hija que se envuelven en tules de colores ante la fascinación de la niña. Y llueven coplas en el río, y risas y juegos.

Luego hablamos de la huerta y del acontecimiento de la semana porque Bella empezó el jardín.

En esa casa con hermanos ya grandes, ella es el cascabel.

Ahora vamos a la casa de la familia Arévalo. Vicky y su mamá nos reciben en el muelle. Diana da enseguida en el blanco con las lecturas y nos vamos por el lado del terror y el misterio. Entonces vuelven los Mitos que viajan por agua, a cada historia que leo, veo por el rabillo del ojo como madre e hija asienten balanceando la cabeza. 

Así es dice la mamá, así me contaban en mi casa. Les contamos entonces un poco de cómo hicimos ese libro con chicos de varias escuelas del delta.

Anotamos para la próxima visita: libros de Eduardo Galeano, Cien años de soledad de García Márquez. 

Va cayendo la tarde y resuenan las coplas que canta Diana bajo su paraguas maravilloso.

Volvemos, nuestra última visita es para Emilia que nos dice que le gusta leer pero tiene cataratas. Buscamos libros con letra grande y clara. Aparece Contracorriente de María Wernicke y la invito a Guillermina a contar esa historia.

Vuelve entonces la aventura de leer y escribir por primera vez. Vuelven los pájaros.

Lo que resta es compartir una merienda a bordo con té de anacahuita. Guille nos deja en casa, desde aquí Diana embarcará hacia la ciudad. Sonreímos. Disparo la última foto. Todo ha sido hecho con belleza.

 

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