Palabras del agua: Dragones y pájaros sobrevuelan las islas

Bitácora del 17 de octubre de 2021
Recorrido Felicaria / Estudiantito /Paycarabí / Chaná
Equipo: Marisel Pagani, Juan Manuel Claro, Guillermina Weil, Marisa Negri

Nuestra primera visita fue en la boca del Paycarabí, allí nos encontramos con Diego y Nazarena, los jóvenes papás de Franchiu que nos mostró ocultando el pulgar que ya tenía 4 años.
Como es una familia nueva en el arroyo les contamos un poco de la historia de la bibliolancha y las actividades de la biblioteca.
Franchiu estaba muy entusiasmada con los libros. Nosotros también; hay por estos días en la bibliolancha muchos títulos nuevos que compramos con el programa Libro % de Conabip.
Cuando los libros ya estaban en el muelle se desplegaron los dragones de Gustavo Roldán.
Marisel leyó mientras Juan Manuel la acompañaba con vientos y kalimbas.
Un pequeño dragón de origami se depositó suavemente en manos de Francesca y como en las manchas se ocultan dragones, Marisel invitó a la nena a dibujar con una mancha de tinta china su propio dragón. Las pequeñas manitos tomaron el pincel y dibujaron en cartulina sobre el escalón del muelle. Por unos instantes todos los adultos quedamos suspendidos en ese trazo, en silencio.
Nos despedimos hasta pronto, navegamos rumbo a Felicaria a encontrarnos con Lucía, la rescatadora de animales.
Lucía tiene siete y su familia acaba de regresar a la isla luego de vivir en la ciudad. Apasionada por los animales sabe muy bien que quiere y rechazó varios de los libros que le ofrecimos. Pero teníamos una carta maestra; para alguien que ama el bicherío nada mejor que Sapo en Buenos Aires de Gustavo Roldán, esas historias del sapo conversador que vuelve al monte chaqueño a poner al día a los animales con las costumbres de la ciudad. Un viaje con el que la propia Lucía podría sentirse identificada. También le prestamos el juego Expedición Humedales en donde enseguida reconoció algunas especies. Y llegó el relato de Dragón con su música.
De pronto un pequeño milagro; en el arroyo manso del domingo se asomó una nutria que nos mostró su lomo brillante por unos segundos.
Seguimos viaje, en casa de Wilbur, el niño músico, hoy no hay nadie para recibirnos pero Juan le trajo de regalo una kalimba y junto con los poemas de hormigas de los Peces del Desierto quedarán en su muelle para que los encuentre a su regreso.
Nos imaginamos su cara al recibir esa sorpresa y sonreímos.
Con ese regalo partimos río arriba para visitar a los Benítez.
El humito del asado, los niños corriendo por la orilla y hasta un castillo inflable nos recibieron.
Es que además del día de las madres, la familia estaba festejando el cumpleaños de los mellizos Azul y Benjamín. Enseguida el escenario del muelle ocupó todas sus localidades para el cuento que les tenían preparados Juan y Marisel. En lo alto apareció el papá con una pila de libros para devolver que fuimos reemplazando por nuevos títulos; La casitamía, La gran aventura, Qué bien que la pasamos y la hermosa historia de las pincoyas que cuenta Doce pescadores, una leyenda que forma parte de la colección Comunidades de Macma y está escrita tanto en castellano como en mapudungun.
Luego de escuchar Los dragones y los colores cada pequeño espectador recibió su dragón de papel, salvo Benjamín que por nada del mundo quiso soltar su helado de crema bañado en chocolate que era codiciado desde muy cerquita por su perro.

Miramos las nubes ¿Y si fuésemos pájaros? En nuestra ayuda vinieron los poemas de Aventuras de pájaro de Laura Forchetti y Ale Correa. Tati nos dijo que a ella le gustaría ser pájaro carpintero y las cotorras desde las casuarinas de la escuela intervinieron en la lectura de los poemas con sus parloteos.

Un chajá en el aire liviano dice Laura y los chicos miran hacia el cielo para que el poema sea.

Seguimos viaje, en casa de Don Porfirio estaba de visita su nieto que se alegró con la llegada de la bibliolancha y corrió a mostrarle los libros a su abuela.
Porfirio nos contó un poco de sus problemas con la vista y la presión pero no se pudo resistir al préstamo de Los pájaros de su vecino Ángel a quien él llama Corrientes.
Paaa así que Corrientes escribió un libro! exclama sorprendido y mira con sorpresa la foto de Angel en la solapa.
Para recibir a la bibliolancha Mora y su papá interrumpen una partida de ajedrez. La tarde está radiante y las nubes dibujan dragones en el aire.
Mora escucha las historias de dragones y la conversación deriva hacia la música, hacia las lenguas. Su papá nos cuenta que en la casa, por herencia, hablan en inglés pero que le interesan todas las lenguas y aprendió algo de francés, italiano y guaraní. Mora pide la kalimba para hacerla vibrar entre sus manos mientras conversamos.
Recomendando libros me encuentro con Los imposibles de Ema Wolf y es irresistible el compartir para todos la historia del Señor Lanari que se destejió un domingo.
Nos despedimos para llegar hasta el muelle de la familia Fleitas; Esperanza mía.
Toda una generación de chicos Fleitas han pasado por la biblio y ahora ya son hombres.
Pero están Iris y Samuel los más chiquitos que se sientan en el muelle a recibir cuentos y libros.
Marisel lee Sana que sana de Cristina Ramos y Samuel escucha con los ojos muy abiertos aferrado a su libro nuevo.
Luego llega la Bendición de dragón y jugamos a buscar dragones en las nubes.
Vamos ahora hacia los Bajos del temor, en Felicaria abajo nos recibe la familia Alveira. Grandes y chicos están trabajando en el junco para que luego quede listo para hacer cortinas y canastos.
Pero siempre hay tiempo para un cuento.
Así que todos se sientan en el muelle; perro + madre + padre + chicos, y comienza la fiesta de los dragones. Renovamos las lecturas y los juegos didácticos. Los chicos se entusiasman con la llegada de Expedición Humedales, para los padres quedan libros sobre huerta y producción de semillas.
A esa hora en que todo es dorado volvemos a la Maldición de dragón:

Que tengas comida hasta estar harto todos los días de tu vida.
Y que vivas muchos años.
Que nunca te falten ni el agua ni la luz.
Que los senderos sean suaves cuando los camines.
Que las espinas se aparten de tu lado.
Que tus enemigos te dejen pasar sin atacarte.
Que ningún dolor te hiera en el costado.
Que nadie te lastime a traición. Que nadie te ofenda ni siquiera con un gesto.
Que tengas todo lo que se pueda desear, por largos, larguísimos años.
Pero que te falte el amor.

Pienso en Gustavo, en su paso por nuestras vidas, la mía, la de mis estudiantes, la de mis hijos; en cada encuentro gozozo y ritual de la feria del libro, en sus animalitos de madera, su poesía.
Cómo nadie puede vivir sin amor leemos también la Bendición.
Y nos vamos bendecidos hacia los Bajos. Nos espera algo que nunca vimos antes, tres flamencos levantando vuelo y cortando el cielo de la tarde, un tronco seco y rojizo que tres pares de ojos confunden a la vez con un ciervo, el sonido del agua respondiendo al gorjeo de los pájaros, la inmensidad.
Nos queda una última visita.
Martín nos pidió un libro de insectos del delta. Está difícil. De insectos sí, del delta sí, pero de las dos cosas juntas no se ha escrito mucho todavía.
Martín tiene 12 y es uno de mis estudiantes más queridos. Suele venir a la biblio y se conoce de memoria las secciones de biología, zoología, botánica. Ahora que va tras los insectos le propongo que ese libro que falta lo tiene que escribir él.
Detrás del hijo el padre asoma y lo mira con orgullo. Nos cuenta del cultivo del maní en Paraguay y la charla se torna promesa de encuentro en la biblio para celebrar el Banquete de la Tierra.
Un nombre, como una promesa.
Volvemos mientras el sol se incendia en el horizonte. En casa de Guillermina quedó amarrada la canoa de Marisel, nos despedimos por ahora.
Tras la marcha de la canoa roja brillante va la bibliolancha a dejarme en mi muelle.
Repasamos con Guille los trayectos que siguen, sostener es la tarea, nos decimos.
Ha sido un día larguísimo y emocionante. Otro más.
Bajo fotos, listo los libros que prestamos y los que devolvieron. Hoy visitamos 9 familias, llevamos prestados 390 libros.
En la noche de las islas comienzan a croar las ranas.

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