Jueves de poesía: MEMORIA MONÓLOGO, de Rosamel del Valle.

Y vino el tiempo de la pequeña eternidad
La piedra en luz de lo que muere y resucita
Porque la duración es una gota de rocío
Con esto recordarás al pájaro que una mañana
Cantaba sobre el sol
Para que el árbol que protege tu sueño diera frutos
Mientras el mar desvestía a sus náufragos en mi cuerpo
Ahora el tiempo ¿cólera? ¿canto?
Está a las puertas de la casa del sol
Y el mar abre el pecho y conversa
Con peregrinos terrestres vestidos de espumas
Doctores de la ley de la profundidad y del espacio
(Así tomados de la mano nos iremos a las clínicas
O a laboratorios en vez de hacia bosques ardientes?
.Se les conocía por retratos de otros tiempos
Un rostro y una sonrisa mas sin nombre alguno
-El nombre se había borrado como se habían hundido
Sus miradas en una visión inalcanzable-
E innecesario ya y caído del marco hacia la noche.
Debemos regar el corazón
Con esas memorias
Donde el tábano puso la daga
Y la abeja la música
Varillas de viento
Para golpear
El aroma muerto de la vida
Quizás exista aún la respiración
De una vertiente
De otro mundo
Transformándose en taladro para abrirse
Pero no enciendas el acto ni las palabras
Ya. que mucho hemos ardido
Junto a la zarza
¿No eres tú quien durmió por años
En un rayo de sol?
Yo sólo inventé el vacío para que pasaras
Adán y Eva en el jardín ardiente
El hijo por nacer desde tus cabellos
Yo el padre ciego
Conducido por el ruido del ángel
Hacia el exilio
Oh y en esa columna de cielos en equilibrio
Con el cuello en llamas
Con los ojos en viaje por desiertos
Con el corazón picoteado por pájaros
Y no era la hora que canta en los relojes
La hora que traen en sus alas las luciérnagas
Sino la hora del sol en la ventana
Con palomas brillantes
Que entran
Y se paran en sus hombros
Correr la luz que te reanima hacia mi
Aunque se haya borrado el camino
De todas las estrellas
En la exaltación sin piedad de las palabras
De las palabras parecidas a fogatas en la lengua
Se ve
En el reino de las burbujas encantadas
No lo olvides
El tiempo
La familia duerme debajo de un árbol no lo olvides
La cena es la visión sin apóstoles
Los sueños flotan sobre la arena por la noche
Los quehaceres mágicos no lo olvides
Se pegan a la goma de las plantas
Y las plantas se doblan hacia la red del vacío
Con la idea de resucitar no lo olvides
La vida hierve a fuego lento
Y la muerte no lo olvides se adorna los huesos
Con meteoros
Mañana las ciudades
Empezarán a alejarse unas de otras
Entre llamas
En la danza de la permanencia secreta
No lo olvides aunque el hombre esté ahora
Irritado con su propia sombra
Con el hueco
Donde a toda hora se resecan sus palabras
El gesto de mimo para la resurrección
El acto del fruto verde todavía
Dispuesto a no saltar hacia la noche
Aun tentado por las trompetas
Y la solemnidad del Juicio
O por el prometido exilio angélico
No lo olvides canta
En el éxtasis matutino
Canta con una rama encendida en cada mano
Predice las hermosas catástrofes
Soñadas en tu infancia
Detiene el vuelo de los pájaros que emigran
Florece como un coral en el centro del océano
Viaja hacia la casa solitaria
Carcomida por la niebla
Ahí está tu imagen en mi imagen
La risa de los amigos muertos o a punto de morir
Los padres cubiertos por la harina
Con que fuimos formados
Y la campana que es la porfiada
Respiración del tiempo
Dormida estás lo imagino y tu sonrisa
Es el movimiento marino de las cosas
Aun el de las que no existen
El movimiento de las abejas que son mis años
Las cuerdas de los días que me sostienen el cuerpo
¿Y de dónde sale la mano luciente?
¿La voz parecida a la de los frutos en la rama
¿La música del árbol más alto que la tierra?
Oh poderoso vacío
Adiós sin adiós
Universo de silenciosas fronteras
“En otro tiempo
Quise iluminar el color de la noche
Secreta purificación y diálogo con el origen
De sombra a sombra
¿Creció el corazón?
¿Fue más liviano el cuerpo?
¿Compartí la soledad sin ojos?
Espaldas salieron a mi encuentro
Y ni la muerte hablaba un lenguaje distinto”.
Tú dices:
“La luz es un pájaro muerto en tu espalda
La vida se baña en el río de las lágrimas
No duermes
Sueñas hacia el país donde soy la sonámbula
Tenaces
Bajo el cielo de vidrio
Una sala vida
En mi para ti
La soledad de la mujer de Lot
La del tiempo por la Via Appia
Cipreses
Y el polvo en torbellino de las legiones
Resurrección resurrección
Cuerpo y sombra en un mismo nido”.
¿Recuerdas? No lo olvides
Todo está ahí
Y dudo si cantar
 
O morir
 
De Adiós enigma tornasol, publicado dos años después de la muerte del poeta por Orfeo, 1967.
 
Rosamel del Valle es uno de los poetas chilenos más importantes del siglo XX, siendo su obra, junto a la de Vicente Huidobro, Pablo Neruda, Humberto Díaz-Casanueva y Pablo de Rokha, piedra fundamental del período de las vanguardias
 
Hijo de padres campesinos, nació en Curacaví el 13 de noviembre de 1901, bajo el nombre de Moisés Filadelfio Gutiérrez Gutiérrez. Emigró a Santiago siendo todavía muy niño y pasó buena parte de su vida en dicha ciudad. Con la muerte de su padre en 1918, abandonó sus estudios para asumir la mantención de su madre y sus numerosos hermanos, comenzando a trabajar como operario linotipista. En esa misma época adoptó su seudónimo a partir del nombre de un amor de adolescencia (Rosa Amelia del Valle), y firmó así su primer libro, Los poemas lunados, publicado en 1920, hecho desaparecer casi totalmente por el autor, lo mismo que otros poemas de la época.
 
En 1926 publicó Mirador, libro de 19 poemas breves, en los que marcó un quiebre, inaugurando una nueva etapa en su proyecto escritural. Luego publicó País blanco y negro en 1929, Poesía en 1939 y en 1944 una de sus obras fundamentales, Orfeo. En forma paralela, incursionó en narrativa. Escribió el libro de cuentos Las llaves invisibles, el que fue publicado en 1946, y las novelas Eva y la fuga y Elina, aroma terrestre, publicadas en forma póstuma en 1970 y 1983, respectivamente.
 
Después de trabajar más de 25 años como obrero de imprentas, reportero ocasional y funcionario en el Servicio de Correos y Telégrafos, emigró a Nueva York, contratado como corrector de pruebas de la oficina de publicaciones de la ONU, con la ayuda de su amigo de décadas Humberto Díaz-Casanueva, quien le dedicara a su muerte el libro El sol ciego (1966).
 
Allí conoció a Thérèse Dulac, con quien contrajo matrimonio en 1948. Publicó desde entonces los libros de poemas El joven olvido (1949), Fuegos y ceremonias (1952), La visión comunicable (1956) y El corazón escrito (1960), además de su ensayo sobre la poesía de Humberto Díaz-Casanueva La violencia creadora (1959). Desarrolló en forma simultánea una vasta obra como cronista. A fines de 1962, regresó a Chile y se estableció junto a su esposa en Santiago. Publicó un pequeño libro de prosa poética titulado El sol es un pájaro cautivo en el reloj (1963).
 
Rosamel del Valle murió en Santiago el 22 de septiembre de 1965.
 
El año 2011, se estrenó la serie documental para televisión Los videntes, en la que se retrata su figura junto a la Humberto Díaz-Casanueva y Ludwig Zeller.
 
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