Bibliolancha 2021: Viaje al fondo del río Paraná Miní

24 de octubre
Río Paraná Miní, Arroyo Tuyuparé y Arroyo Diablo
Equipo: Nacho López, Guillermina Weil, Marisa Negri
Invitados: Valeria Tentoni y Guido Ferro

Pasado el mediodía embarcamos en la bibliolancha y partimos a recargar libros en la Biblio Genoveva. Esta vez teníamos invitados: Valeria Tentoni y Guido Ferro estrenando su libro Viaje al fondo del río (Pípala, 2021).
Preparamos dos cajas para prestar a la ES22 Pueblo Chaná y partimos rumbo al Miní.
En el muelle de la escuela nos esperaba Nacho con su bote, nos esperaba un largo recorrido que iniciamos por el Tuyuparé. Allá nos esperaban Sofía y Guadalupe, en el asiento del muelle los libros listos para devolver, las chicas sonrientes y contentas con la visita.
En la visita anterior Guada nos había hecho un pedido especial; tenía el volumen 1 y el volumen 5 de la saga Inseparables pero nunca había conseguido los que estaban en medio.
Amorosamente Valeria se ofreció a conseguirlos en una feria de usados en la ciudad y allí estaban, una promesa cumplida que le dibujó una enorme sonrisa en la cara a ella y a todos los presentes.
Hablamos un poco de literatura y otro poco de la escuela, ¿se animaría Sofía a estudiar en la ciudad? Tal vez una carrera corta y semipresencial podría ser útil.
La pila de libros fue creciendo en el muelle; Dolores Reyes, Pablo de Santis, Ferréz, Hesse, Galeano, Neimirovsky, Bodoc…. tantos mundos para sumergirse.
Valeria y Guido contaron entonces algo del proceso de creación de Viaje al fondo del río y les dejaron a las chicas unas libretitas primorosas con ardilla Sinforosa incluida para que anoten todo lo que imaginen.
Nos despedimos entonces.
De la última vez que estuvimos a ahora Daiana y Joaquín habían sido papás, los cruzamos justo justo yéndose con el bebé a la ciudad y alcanzamos a ofrecerles un libro de Alimentación Saludable editado por la UNL en donde se habla de la lactancia y hay recetas fáciles y nutritivas para chicos.
Desde la orilla de enfrente, Aylén, su primo Agustín y su vecina ya estaban listos en el muelle para recibir a la bibliolancha.
Estrenamos en este muelle muchos libros que acabamos de comprar con el programa libro % de Conabip; algunos de la colección Los duraznos de Pequeño editor, o el hermoso Mirandolina de Malicha Cresta de Leguizamón (Comunicarte) que cuenta las increíbles aventuras de una mojarrita que conoce el mundo exterior.
Valeria y Guido compartieron con los chicos una versión de Viaje al fondo del río que ellos escucharon sentados sobre la madera sumamente atentos. ¿Y que ser extraordinario se imaginan que puede haber en este río? dijo Vale.
¡Una mantarraya! dijo Aylen que después aclaró que lo había aprendido en una clase de música.
Los chicos prometieron historias y dibujos para nuestra próxima visita.
Antes de irnos también Yanina, la mamá, eligió algunas novelas.
En la casa de Candelaria nos recibió su papá porque ella había ido a visitar a su amiga en el Arroyo Estudiante. Igual le dejamos algunos libros para que los encuentre a su regreso.
Remontamos ahora el Paraná Miní bajo un sol dorado.
El brillo del agua me recuerda los poemas de La casa de las luciérnagas de Rosita Cedrón y entonces leo, Oro circunda / náufrago del amor el que no ha llorado / oro circunda…
Fueron Nacho y Carmen quienes nos prestaron Luzamor y ahora, un año después, este nuevo libro de Rosita está navegando con nosotros.
María estaba con su papá y se interesó por la poesía; Esta es mi Storni de Alfonsina y Cantos a Berenice de Olga Orozco como puertas a un universo nuevo.
El papá conversó un rato con Nacho, hablaron de la pesca, del viento, y también de algunos problemas de salud que tenían a la mamá en la ciudad. La lectura como un modo de pensar en otras cosas, dijo él. Y cómo no, se quedaron entonces las Aguafuertes deltianas de Roberto Arlt y nos despedimos nuevamente para ir al encuentro de nuestros últimos lectores.
Los nenes vinieron remando en una canoa roja con una bolsa llena de libros para devolver.
Era el mejor momento de la tarde, el sol ya no picaba, los chicos acercaron la canoa a la bibliolancha y así transcurrió el último encuentro de la jornada.
Venían en representación de todos sus hermanos así que fuimos recordando nombres y edades de cada uno y recomendando libros para bebés, para chicos de 5, de 7, de 9.
Luego Vale y Guido les contaron del asombroso viaje de Sinforosa y ellos nos contaron cómo fue la vez que vieron un ciervo, también hablaron del mar del que vienen, de la alegría de volver a la escuela después de la pandemia y de una laguna cercana donde una vez sacaron un dorado.
Pasó una garza volando bajito y Los pájaros de Angel robaron la escena. Leímos el poema del boyero y el de las cotorras, los chicos se reían, Guille que se los sabe de memoria repetía como para sí misma los finales, como si fueran un ensalmo, una oración.
Entonces vino la historia de Angel y de cómo aprendió a leer a través de Contracorriente de María Wernicke. Guille leyó y todos fuimos niños en un instante de tiempo detenido.
Los chicos se llevaron todos los libros en la canoa, y se quedaron pensando en la posibilidad de escribir alguna vez ¿por qué no? un libro propio.
Mientras el bote se aleja por el Arroyo Diablo y la madreselva inunda el aire con su perfume nos miramos con ojos que tiemblan, en el fondo del río está la infancia, ese prendedor brillante con forma de corazón.

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